Una paja con el Che:
BRUCE LABRUCE, REPRESENTANTE DE LA NUEVA POSPORNOGRAFÍA GAY

 

Un zombi gay camina melancólicamente por los prados de Alemania buscando a su próxima víctima. La diferencia con la clásica “El gabinete del Dr. Caligari” es que el Zombie en cuestión no busca comer sus vísceras, sino penetrarlas. Este es en resumen el argumento de “Otto, or Up with Dead People”, la última película del polémico Bruce Labruce, un artista de la performance, fotógrafo y creador del movimiento cinematográfico denominado “Queer core”.

 

Por Jorge Díaz - Colaborador Disidencia Sexual

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bruce Labruce se aburrió del horario de oficina: dejó su trabajo de techador de casas y se dedicó completamente al trabajo de artista. Se casó con un santero cubano y montó su propia empresa de post porno gay, alejada de la típica imagen de Hugh Hefner, ese viejito bueno “pa la cacha” que está rodeado de mujeres voluptuosas y platinadas. De hecho, Labruce se burla del canon clásico del porno, porque es su modo de hablar desde el margen, desde lo prohibido, desde lo que no se cuenta pero que es consumido por todos, de ese afán voyerista existente pero renegado por la mayoría.

De hecho se opone al discurso que es políticamente correcto. Quiere, en sus propias palabras, “rechazar el machismo presente en la pornografía corriente”. De esta forma en sus performances y películas aparecen generalmente punks, sadomasoquistas, skinhead, mutilados y deformes como personajes marginales y excluidos de la sociedad. El cineasta recrea realidades torcidas, apoderadas de la sátira y la sangre

LaBruce se apodera de lo Queer para manifestar su potencia creativa en imágenes fuertes, provocadoras y que en algunas ocasiones incluyen el humor negro. Este artista pretende realizar una sarcasmo constante de lo que la cultura y la industria nos venden con relación al sexo, al como “debiera” vivirse, cuáles “debieran” ser los gustos imperantes en la cama.

Participante de los últimos festivales de cine gay, como los de Mar del Plata y Berlín -eventos que convocan a cientos de cineastas que desarrollan temáticas homosexuales-, Labruce es a estas alturas (y con menos de 15 años de trayectoria) todo un hito del cine gay pospornográfico .

Por supuesto, su arte no ha estado exento de polémicas. En 2002 fue llevado a juicio por utilizar la imagen del Che Guevara -la típica fotografía de Korda- en la película The Rapsberry Reich (El reino de la frambuesa), donde un chico comunista, perteneciente a un grupo que tiene como lema “La heterosexualidad es el opio de los pueblos", se masturba y eyacula sobre la imagen del Che en primer plano.

En la cinta sus protagonistas pertenecen a un grupo terrorista rojo que tiene como misión romper con la monogamia y, para ello, mantienen relaciones sexuales grupales, intercambiándose y produciendo un escándalo público para crear una nueva “revolución sexual” donde la excitación por los símbolos y las armas se basa en la frase “¡a cambiar el mundo!”.

La imagen del Che no está puesta al azar. Labruce se enteró de la homofobia existente en Cuba durante el comienzo de la revolución -cuando el Che era la figura emblemática de entonces- puesto que para el guerrillero, los gays no pertenecían al “hombre nuevo” que pretendía establecer en su patria comunista.

“Ahora, cuando veo a chicos gays en los bares, usando camisetas con su imagen, siento deseos de abofetearlos. Para mí es como si un judío usara una camiseta con la imagen de Hitler”, afirmó Labruce en una entrevista a un diario electrónico. Por eso en sus films se burla del radicalismo, de los pétreos valores comunistas de la izquierda ortodoxa, cuya simbología se ha convertido por estos días en moda, en algo Chic utilizado en ropa y accesorios.

Por eso, Labruce se sube a una limusina en Hollywood y pasea con prostitutos de cuerpos esculturales, se enamora de los cuerpos mutilados, se somete al sadomasoquismo, se fascina con la pose drag. Bruce Labruce es al cine lo que Marilyn Manson al rock.

“Los cruces entre lo punk, lo skin y lo queer desmontan los límites a partir de los cuales la cultura construye identidades”, asegura. Mientras el movimiento punk durante los 70 tenía como lema “no hay futuro”, este artista responde enfáticamente “El futuro es el porno”.


Filmografía :

The Raspberry Reich: un grupo de terroristas comunistas pretender crear una revolución sexual mediante la colectivización del sexo, la adicción a las armas y la eyaculación social sobre los símbolos de poder

Skin Flick / "Skin Gang": Un grupo de Skin-heads se reúnen para montar orgías y hablar de temas xenófobos y ultraderechistas.

Hustler White: El propio Labruce es un millonario que recorre Hollywood rodeándose de putos, travetis, amputados y deformes.

No Skin Off My Ass: Un peluquero se enamora y comienza una relación sádica con un skin head

Super 8 ½: Parodia al clásico de Federico Fellini, donde el mismo Labruce expone su proceso creativo y gran parte de su filmografía.

 
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