Bruce Labruce se aburrió del horario de oficina: dejó
su trabajo de techador de casas y se dedicó completamente
al trabajo de artista. Se casó con un santero cubano
y montó su propia empresa de post porno gay, alejada
de la típica imagen de Hugh Hefner, ese viejito bueno
“pa la cacha” que está rodeado de mujeres
voluptuosas y platinadas. De hecho, Labruce se burla del canon
clásico del porno, porque es su modo de hablar desde
el margen, desde lo prohibido, desde lo que no se cuenta pero
que es consumido por todos, de ese afán voyerista existente
pero renegado por la mayoría.
De hecho se opone al discurso que es políticamente correcto.
Quiere, en sus propias palabras, “rechazar el machismo
presente en la pornografía corriente”. De esta
forma en sus performances y películas aparecen generalmente
punks, sadomasoquistas, skinhead, mutilados y deformes como
personajes marginales y excluidos de la sociedad. El cineasta
recrea realidades torcidas, apoderadas de la sátira y
la sangre
LaBruce se apodera de lo Queer para manifestar su potencia
creativa en imágenes fuertes, provocadoras y que en algunas
ocasiones incluyen el humor negro. Este artista pretende realizar
una sarcasmo constante de lo que la cultura y la industria nos
venden con relación al sexo, al como “debiera”
vivirse, cuáles “debieran” ser los gustos
imperantes en la cama.
Participante de los últimos festivales de cine gay,
como los de Mar del Plata y Berlín -eventos que convocan
a cientos de cineastas que desarrollan temáticas homosexuales-,
Labruce es a estas alturas (y con menos de 15 años de
trayectoria) todo un hito del cine gay pospornográfico
.
Por supuesto, su arte no ha estado exento de polémicas.
En 2002 fue llevado a juicio por utilizar la imagen del Che
Guevara -la típica fotografía de Korda- en la
película The Rapsberry Reich (El reino de la frambuesa),
donde un chico comunista, perteneciente a un grupo que tiene
como lema “La heterosexualidad es el opio de los pueblos",
se masturba y eyacula sobre la imagen del Che en primer plano.
En la cinta sus protagonistas pertenecen a un grupo terrorista
rojo que tiene como misión romper con la monogamia y,
para ello, mantienen relaciones sexuales grupales, intercambiándose
y produciendo un escándalo público para crear
una nueva “revolución sexual” donde la excitación
por los símbolos y las armas se basa en la frase “¡a
cambiar el mundo!”.
La imagen del Che no está puesta al azar. Labruce se
enteró de la homofobia existente en Cuba durante el comienzo
de la revolución -cuando el Che era la figura emblemática
de entonces- puesto que para el guerrillero, los gays no pertenecían
al “hombre nuevo” que pretendía establecer
en su patria comunista.
“Ahora, cuando veo a chicos gays en los bares, usando
camisetas con su imagen, siento deseos de abofetearlos. Para
mí es como si un judío usara una camiseta con
la imagen de Hitler”, afirmó Labruce en una entrevista
a un diario electrónico. Por eso en sus films se burla
del radicalismo, de los pétreos valores comunistas de
la izquierda ortodoxa, cuya simbología se ha convertido
por estos días en moda, en algo Chic utilizado en ropa
y accesorios.
Por eso, Labruce se sube a una limusina en Hollywood y pasea
con prostitutos de cuerpos esculturales, se enamora de los cuerpos
mutilados, se somete al sadomasoquismo, se fascina con la pose
drag. Bruce Labruce es al cine lo que Marilyn Manson al rock.
“Los cruces entre lo punk, lo skin y lo queer desmontan
los límites a partir de los cuales la cultura construye
identidades”, asegura. Mientras el movimiento punk durante
los 70 tenía como lema “no hay futuro”, este
artista responde enfáticamente “El futuro es el
porno”.
Filmografía :
The Raspberry Reich: un grupo de terroristas comunistas
pretender crear una revolución sexual mediante la colectivización
del sexo, la adicción a las armas y la eyaculación
social sobre los símbolos de poder
Skin Flick / "Skin Gang": Un grupo de Skin-heads
se reúnen para montar orgías y hablar de temas
xenófobos y ultraderechistas.
Hustler White: El propio Labruce es un millonario
que recorre Hollywood rodeándose de putos, travetis,
amputados y deformes.
No Skin Off My Ass: Un peluquero se enamora y comienza
una relación sádica con un skin head
Super 8 ½: Parodia al clásico de Federico
Fellini, donde el mismo Labruce expone su proceso creativo y
gran parte de su filmografía.