“Histórico”,
“cambio”, “sueño” y “unidad”,
entre otras, fueron las palabras que se utilizaron el pasado
martes 4 de noviembre cuando se celebraron las elecciones mundiales
en las que resultó victorioso Barack Hussein Obama. Y
digo “mundiales” porque nadie pone en duda, a esta
altura, que los comicios presidenciales en Estados Unidos tienen
un impacto global de enormes consecuencias, aunque solo hayan
votado los “gringos”.
Además ese día
no sólo se escogió a un Presidente. La Constitución
estadounidense faculta, entre otras cosas, que los Estados consulten
-en dicho proceso eleccionario- a los ciudadanos para que se
pronuncien sobre temas o proyectos de ley. Específicamente,
en cuatro Estados de la unión (California, Arkansas,
Florida y Arizona) hubo referendos que tuvieron como consecuencia
el recorte de derechos para la población LGBT.
La misma noche en que Obama
dio su primer discurso por TV, ese que combinaba imágenes
de personas en estado de trance escuchando al novel presidente,
medios de comunicación informaban que la “propuesta
8” sobre matrimonios entre personas del mismo sexo había
sido rechazada en California, donde Obama consiguió un
60% de los votos. Esto trae como consecuencia que las parejas
gays que contrajeron matrimonio antes del referendo (alrededor
de 18 mil) quedarán en un limbo legal que eventualmente
significará la pérdida de sus derechos. En Florida
y Arizona el electorado también se opuso a los matrimonios
entre personas del mismo sexo, mientras que en Arkansas se prohibió
que homosexuales y solteros pudieran adoptar hijos.
Mientras los efectos de la
Obamanía provocaban esa noche multitudes en actitud de
oración, con lágrimas en los ojos o con ataques
de histeria -como si hubiese llegado un Mesías-, el Presidente
electo resaltaba la “unidad” de todos los estadounidenses
en dichos comicios, creando un falso sentimiento de unanimidad
de la opinión ciudadana. Esto a priori puede hacernos
creer que habrá un quiebre, fisura o discontinuidad entre
las políticas y deseo “neo-con” del bushismo
vs. el cambio que hipotéticamente aportaría Obama.
Pero ojo.
Obama-Bush
¿Que tan distinta será
la política sexual del nuevo régimen? ¿A
qué distancia podemos ubicar las estrategias de higiene
sexual implantadas por George W. Bush y la aspiración
de apertura que anuncia Obama para todas las minorías,
incluida la población LGBT? En el plano de la política
de Washington, esa de las mediaciones y contactos, ¿qué
tan seguros podemos estar de que el proyectos de Obama permanecerá
impermeable a la ambición neo-con, cuando el mismo día
de la elección maricones y tortas ya vimos las primeras
inconsistencias?
Al menos, sanguíneamente,
Obama y Bush no están tan lejos. ¿Sabías
que Barack Obama y George W. Bush son primos en grado décimo,
relacionados por un ancestro llamado Samuel Hinkkey?
Este pequeño dato, que
puede parecer nimio o irrelevante, lo saco a flote porque pocos
estadounidenses parecieron preocuparse por el pasado político
de Obama, su carrera, a quienes tiene por amigos en su círculo,
quiénes son sus padrinos políticos, quién
lo financia, qué contenido tienen sus discursos…en
definitiva, hasta que punto no es una construcción mediática
de los mismos que están en Washington.
El riesgo que se corre –para
los estadounidenses- es que las altas expectativas puestas sobre
Obama generen, a corto plazo desilusión, rabia y frustración
colectiva. Como sugiere Judith Butler, “¿Cuál
es la posibilidad de que nosotros terminemos sufriendo una inevitable
decepción cuando este líder carismático
muestre su falibilidad, su complacencia al transar o incluso
a vender a las minorías?”
No puede dejar de considerarse
que el ciudadano que votó a Obama es un individuo polimorfo,
que no tiene un perfil político definido, que puede o
no ser progresista, que hasta incluso puede ser racista. Entre
los votantes de Obama no existe un factor común de cohesión
más que el voto de protesta contra los Republicanos.
De hecho se producen fenómenos curiosos entre sus electores,
por ejemplo, contradicciones como la sucedida en California.
Y es que Obama-el-mito permite estas compartimentaciones.
Hay que recordar que las primeras
protestas de descontento contra el nuevo gobierno de EE.UU.
se produjeron la misma noche de la elección presidencial.
Fueron tortas, maricones y trans quienes salieron a las calles
de Los Ángeles para criticar el rechazo a la “propuesta
8”. Y así como esta expectativa no cumplida de
cambio ya generó los primeros roces entre la población
LGBT, nada augura que no se sigan produciendo en otros sectores
de la sociedad estadounidense.